Nos observan, mientras capturan imágenes de la ciudad. Es perceptible el asombro de quienes atraviesan el espacio relativamente corto que separa la parte norte del continente americano para viajar a la Isla. Desde sus pupilas descubren que la vida se expande más allá del agujero negro que significa el bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba, hace casi seis décadas y que también afecta directamente a los derechos de sus propios ciudadanos.
¿Acaso las medidas de Trump hacia Cuba no constituyen un serio traspiés a la labor de los 595 559 personas acogidas a las formas de gestión no estatal?
La agresividad de la administración Trump contra nuestro país parece no tener fin. A las sanciones ya anunciadas el pasado 17 de abril y a la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, este martes se sumó la decisión del Departamento del Tesoro de no permitir los viajes culturales y educativos de contacto con el pueblo cubano, más conocidos como «people to people», y otras relacionadas a los servicios de viaje y transporte, remesas, banca, negocios de comercio y telecomunicaciones, entre otros.